martes, 17 de noviembre de 2015

Entre el genio y el genocidio



En abril de 1915, en el marco de la Gran Guerra, las fuerzas aliadas estaban combatiendo al ejército alemán por el control de Ypres, una ciudad clave en el oeste de Bélgica. Meses antes, luchando con soldados jóvenes e inexpertos, los alemanes habían tenido muchas bajas en una batalla que llamaron la Masacre de los Inocentes de Ypres. En esta ocasión fueron determinantes a la hora de lanzar el ataque más importante en el frente occidental. Con miles de franceses, británicos, belgas y canadienses atrincherados en torno a la ciudad, los alemanes se volvieron hacia Fritz Haber.

Tres años más tarde, Haber sería galardonado con el Premio Nobel de Química por su trabajo en el desarrollo de un método de síntesis de amoníaco, fijando el nitrógeno del aire (N2). Los científicos de la época sabían que el nitrógeno era crucial para la vida vegetal y también sabían que el suministro terrestre no sería suficiente para alimentar a la creciente población en el siglo XX.

Sello que conmemora el Premio Nobel conseguido por
Fritz Haber en 1918.

Haber descubrió una forma de convertir el nitrógeno gaseoso (N2) de la atmósfera en un compuesto que podría ser utilizado en los fertilizantes. El proceso de Haber (más tarde Haber-Bosch, gracias a la industrialización por parte de su cuñado Carl Bosch) supuso una revolución para la agricultura mundial, fue probablemente la innovación tecnológica más importante del siglo XX. Esta simple reacción sostiene la base alimenticia de la mitad de la población actual del mundo:

N2 (g) + 3 H2 (g) 2 NH3 (g)

Pero en el invierno de 1915, los pensamientos de Haber se centraron en aniquilar a los aliados. Por sus esfuerzos dirigiendo un equipo de científicos en las líneas del frente en la Primera Guerra Mundial, sería conocido como el padre de la guerra química.

Fritz Haber nació en 1868 en Breslavia (Prusia, hoy Polonia). Allí estudió en la Escuela Clásica Santa Isabel, donde empezó a sentirse atraído por la Química. Después de estudiar en la Universidad de Berlín, se trasladó a la Universidad de Heidelberg en 1886, coincidiendo con el famoso químico alemán Robert Bunsen. Más tarde, Haber fue nombrado profesor de Química-Física y Electroquímica en el Instituto de Tecnología de Karlshruhe. En 1901, Haber se casó con la brillante química Clara Immerwahr, la primera mujer en recibir un doctorado de la Universidad de Breslavia.

La carrera de Haber florecía de tal forma que al estallido de la I Guerra Mundial, el ejército alemán solicitó su ayuda para el desarrollo de la sustitución de explosivos por proyectiles con gases venenosos.

La I Guerra Mundial es considerada la primera guerra en la
que se usaron armas químicas a gran escala.

A diferencia de su amigo Albert Einstein, Haber se consideraba un patriota alemán, y de buena gana se convirtió en consultor del Ministerio de Guerra alemán. Durante la I Guerra Mundial, comenzó a diseñar experimentos que derivarían en el uso de cloro gaseoso (Cl2) como arma. Las derrotas en la primera línea endurecieron la determinación de Haber para usar armas de gas, a pesar de los acuerdos del Convenio de La Haya que prohibían los agentes químicos en la batalla.

En 1914, como director del Instituto de Química-Física Kaiser Guillermo, Haber colocó su laboratorio al servicio del gobierno alemán, y en abril de 1915, no dudó en ir uniformado al frente en Ypres y esperar los vientos favorables para el lanzamiento de los proyectiles. Los alemanes liberaron más de 168 toneladas de gas cloro al amanecer del 22 de abril. Una nube amarillenta alcanzó las trincheras francesas, provocando la muerte por asfixia a más de 5.000 soldados en pocos minutos.

Desde entonces se utilizaron más de 50.000 toneladas de agentes respiratorios, lacrimógenos e irritantes por ambas partes, incluyendo cloro, fosgeno y gas mostaza. Las cifras oficiales fueron de aproximadamente 1.176.500 heridos y 85.000 muertos, debido en gran parte a lo que se considera el primer uso de armas químicas a gran escala.



Sin embargo, a pesar de su Premio Nobel, la vida de posguerra de Haber apenas tuvo honores. Abatido por la derrota alemana, se sentía responsable de la deuda de guerra de la debilitada Alemania. Cuando Hitler llegó al poder, los nazis tuvieron en el punto de mira al Instituto Kaiser Guillermo por albergar científicos judíos. Aunque Haber se había convertido al cristianismo, a los ojos del régimen nazi era “Haber el judío” y tuvo que huir del país. Falleció en 1934, a los 65 años de edad, en Suiza, pero no antes de arrepentirse por haber dedicado su talento a fines bélicos.

Elogiado por su trabajo que aún permite la agricultura en todo el mundo, pero condenado por su trabajo sobre las armas químicas, Fritz Haber personificó los extremos de la innovación tecnológica en el siglo XX.


Por Jesús @JGilMunoz 

FUENTES


Esta entrada forma parte del especial de Radical Barbatilo "El lado oscuro de la Química" y participa en el LII Carnaval de la Química albergado en el blog El Celuloide de Avogadro.

2 comentarios:

  1. El segundo artículo y la cosa va in crescendo. Como ya apuntaba en ayer esto se va poniendo súper interesante. Este escrito además de adentrarnos en la personalidad del protagonista nos da una visión histórica del momento crítico en el que se desenvuelve. Muy bueno Jesús

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  2. Fácil de entender y expectacular todo lo leído gracias por estos artículos y por tu esfuerzo desinteresado en la divulgación de la hitairia y la química

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