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Mostrando las entradas etiquetadas como #LeídoEn

#LeídoEn «Eso no estaba en mi libro de historia de la química», de Alejandro Navarro

  [...] una historia que comienza el 21 de noviembre de 1918 cuando, siguiendo las condiciones del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial, la Flota de Alta Mar alemana se entregaba en bloque a sus rivales británicos y anclaba en la costa de la isla de May, en las afueras del fiordo de Forth. En total, se rindieron setenta y cuatro naves de guerra, que poco después quedaron internadas en la base de Scapa Flow, en las islas Orcadas. Pero en la mañana del 21 de junio de 1919, y ante la perspectiva de que los barcos se convirtiesen en propiedad del Gobierno británico o fuesen repartidos entre sus antiguos enemigos, el contraalmirante Ludwig von Reuter ordenó el hundimiento inmediato de toda la escuadra. De este modo, quince acorazados y cruceros de batalla, cinco cruceros y treinta y dos destructores fueron echados a pique. En los años de entreguerras, casi todos los navíos fueron recuperados por motivos fundamentalmente económicos, muchos de ellos por el empresario Ernest...

#LeídoEn «La química de lo bello», de Deborah García Bello

[...] Hay un placer estético en el conocimiento, y es que el conocimiento es la forma más sofisticada de placer. En concreto en la ciencia, la belleza es un criterio de verdad, por eso se validan teorías, leyes e hipótesis en términos de orden y elegancia. Las leyes fisicas que conseguimos expresar con fórmulas matemáticas, cuanto más bellas, más ciertas. Cuanto más y mejor comprimamos su verdad en estilosos caracteres del alfabeto griego, más ciertas. Nos brindan esa sensación tan placentera de tenerlo todo bajo control. Nos hacen creer que, si está ordenado, es que lo hemos entendido.

#LeídoEn «El lector de Julio Verne», de Almudena Grandes

  —Pues ya puedes estarme agradecido, botarate, porque con ese examen debería haberte suspendido, y a punto he estado, por cierto. Nunca he leído tantas insensateces juntas sobre el 2 de mayo de 1808. El pueblo en armas, los motivos de los afrancesados, el patriotismo de Jovellanos, la Revolución Francesa… ¿Es que yo había preguntado la Revolución Francesa? —Pues no. Pero Galdós explica muy bien que la política de Napoleón… —¿Galdós? —y escuchar ese nombre le sorprendió tanto, que por un instante hasta se olvidó de lo enfadado que estaba conmigo—. ¿Es que yo te he pedido que leas a Galdós? —Pues no. Pero lo he leído. —¡Pues muy mal hecho!, ¿me oyes? —y recobró en un instante el furor que en aquel momento equivalía a su compostura—. ¡Muy mal hecho! —No sé por qué, yo no creo… —¡Porque lo digo yo! ¡Galdós nada, y Napoleón nada, y las Cortes de Cádiz nada, y la Constitución de 1812, nada de nada! Yo no os he explicado eso, yo no había preguntado eso, yo… Durante un insta...

#LeídoEn «Tratado elemental de química», de Antoine Lavoisier

  #LeídoEn «Tratado elemental de química», de Antoine Lavoisier: «La palabra debe hacer nacer la idea; y esta debe pintar el hecho [...] y como las palabras son las que conservan y transmiten las ideas, resulta que no puede perfeccionarse la lengua sin perfeccionarse al mismo tiempo la ciencia, ni la ciencia sin la lengua; y que por mas ciertos que sean los hechos, y mas exâctas las ideas que produzcan, siempre harán falsas impresiones, si faltan expresiones exactas para manifestarlos. » Sin duda, Lavoisier sugería la necesidad de instaurar una nueva ciencia (a la sazón, la química) con la herramienta del lenguaje. En su obra estableció un nuevo lenguaje racional y metódico que facilitaba el trabajo a otros científicos, mejoraba la comunicación entre ellos y sentaba las bases de la química moderna. Las impresionantes ilustraciones del libro son obra de  Marie-Anne Pierrette Paulze, esposa de Lavoisier.

#LeídoEn «A flor de piel», de Javier Moro (II)

  Treinta y cuatro días después de haber zarpado de Tenerife, la María Pita se deslizaba en silencio por el laberinto de veleros fondeados en la ensenada de San Juan de Puerto Rico, dominada por los campanarios de la ciudad y la fortaleza del morro que destacaba sobre las verdes colinas de la isla. La intención de Balmis era ponerse a vacunar ese mismo día. Las noticias de las epidemias, que hablaban de miles de esclavos y blancos muertos por todo el continente americano, sus cuerpos apilados a la entrada de las aldeas envueltas en el humo de las piras funerarias, convertían en urgente la tarea de atajar el mal lo antes posible, sin perder un solo minuto. Pero en la playa no había nadie para recibirlos, solo les llegaba el olor del pescado en salazón del embarcadero del mercado. No había oficiales uniformados, ni multitudes, ni un estrado decorado para dar un discurso, ni una procesión organizada para un tedeum en la catedral. ¿Acaso no habían recibido la circular de Godoy a todos ...

#LeídoEn «A flor de piel», de Javier Moro (I)

  […] En España, le hubieran tomado por un vagabundo o un iluminado. Ningún médico que se preciara de serlo le hubiera prestado la más mínima atención. Balmis no le hubiera recibido si no hubiera sido por el documento que el hombre le presentó: una carta de recomendación del Tribunal de Medicina del Hospital de Michoacán. —Oiga usted, doctor, yo tengo un remedio para la cura de la sífilis. Balmis aguzó el oído: ese era un tema al que había dedicado muchas horas de estudio y experimentación. —¿A base de qué, buen hombre? —Me lo enseñó una indiesita, que ha curado a veintisiete infectados… Y escuche bien, doctor: sin el uso del mercurio. —¿Ah, sí? Balmis arqueó las cejas. Era demasiado bonito para ser cierto. —Vengo llagado de mis pies para poder verle, y como quiero que se me reconozca, aquí en la capital, el resultado de la curación, le ruego que venga conmigo a ver mis resultados. —¿En qué consiste el remedio? —preguntó Balmis. —Un hervor de maguey, tres onzas de raíz de la misma,...

#LeídoEn «La química de la muerte», de Simon Beckett

  El cuerpo humano empieza a descomponerse cuatro minutos después de la muerte. Lo que hasta entonces era un recipiente de vida atraviesa su última metamorfosis fagocitándose a sí mismo. Las células se disuelven. El tejido se vuelve líquido y después gas. Inanimado, el cuerpo se convierte en un inmóvil festín para otros organismos. Primero las bacterias, después los insectos. Moscas. Ponen huevos, que no tardan en abrirse. Las larvas se alimentan de ese caldo rico en nutrientes, luego migran. Lo abandonan de forma ordenada, avanzando en perfecta procesión, siempre hacia el sur. A veces hacia el sureste o el suroeste, pero nunca hacia el norte. Nadie sabe por qué. A estas alturas las proteínas de los músculos ya se han descompuesto, produciendo un potente caldo químico. Este caldo es letal para la vegetación y mata la hierba al mismo tiempo que las larvas avanzan por ella, formando un macabro cordón umbilical. Dadas las condiciones apropiadas —clima seco y cálido, ausencia de lluvia...

#LeídoEn «Los generales (Napoleón vs Wellington, II)», de Simon Scarrow

  El cardenal venido de Roma empezó el sermón en latín y sus palabras, leídas con voz monótona, resonaron en el interior de Notre Dame. La mayoría de invitados poseían poco conocimiento del idioma y miraron con fingidas expresiones de interés y respeto cómo se entregaba el mensaje del Santo Padre. Los cónsules estaban sentados a un lado del púlpito en tanto que el resto de la audiencia lo hacía en filas ordenadas de cara al cardenal, ataviados con sus mejores galas. A Napoleón ya le habían mostrado una traducción que lo convenció de que no había sorpresas desagradables en el saludo del Papa a los católicos de Francia y en su expresión de gran felicidad por la reconciliación del pueblo francés y la Iglesia. A decir verdad, a Napoleón le pareció un documento bastante aburrido, carente de la pasión de los grandes discursos de los líderes de la revolución. Aun así, si les daba a los campesinos lo que querían y contribuía a unir más al pueblo de Francia, el Concordato resultaría muy úti...

#LeídoEn «Que vuelva el rey», de Helen Pilcher

  La ciencia ya ha avanzado hasta el punto en el que la desextinción ya no parece una fantasía sino una posibilidad muy real, pero ¿a quién o qué elegir? ¿Por dónde empezar? Más del 99 por 100 de todas las especies que han vivido en algún momento en la Tierra ya no están entre nosotros. Eso hace que la lista inicial sea de más de cuatro mil millones de contendientes. Es una sobreabundancia de candidatos, pero la realidad es que las especies van y vienen. Y la extinción es una parte fundamental de la historia de la vida en la Tierra. Hoy en día, la «idea» de la extinción está muy aceptada, pero no siempre ha sido así. En el siglo XVII, el arzobispo de Armagh, James Ussher, usó la Biblia como referencia para calcular que la Tierra tenía menos de 6.000 años. En concreto, calculó que Dios había creado el mundo el 23 de octubre del año 4004 a. C., domingo, día en el que en teoría tendría que haber estado descansando... o yendo a la iglesia. La Tierra era demasiado joven, argumentaban lo...

#LeídoEn «La madre de Frankenstein», de Almudena Grandes

  —[...] Su absurda idea de curar la locura... —hizo una pausa para dirigirme una sonrisa conciliadora a la que no respondí—. Estas criaturas —y movió el brazo como si pudiera estrechar con él a todos los enfermos que nos rodeaban— también son hijos de Dios, seguramente los más amados. El Señor los ha hecho así, ha querido que formen parte de su obra. Verdaderamente, es preocupante que estemos aspirando a corregir el plan divino. —No lo creo —y me llegó el momento de sonreír—. Si Dios es el creador de todas las cosas, habrá creado también la tabla periódica de los elementos. La clorpromazina es sólo química y, por tanto, obra de Dios. No creí haber dicho nada inapropiado. No había levantado la voz, no había empleado ningún término ofensivo, me había limitado a expresar una opinión que me parecía cargada de sentido común, pero Robles se puso blanco al oírme. —Perdónele, padre —y humilló la cabeza al interceder a mi favor—. Él viene del extranjero, no... —Nada, nada —Armenteros levan...