lunes, 4 de enero de 2016

El incienso y la mirra más allá de los Reyes Magos



Automáticamente cuando escuchamos incienso o mirra pensamos en los Reyes Magos, o en la Biblia, donde hay varios pasajes en los que se nombran. Junto con el oro, eran los regalos que dichos Reyes entregaron a Jesús al nacer (Mateo 2:1-12). Quizá hoy en día, no le damos al incienso y a la mirra la valía de antaño. Para civilizaciones antiguas como la egipcia, griega o romana tenían un valor inestimable. No solo se usaban para fines religiosos y espirituales, también para aplicaciones farmacológicas. Probablemente, el uso de incienso y mirra era un signo de prosperidad. Su comercio, durante más de 5.000 años, generó en Oriente Próximo un gran bienestar económico, tal vez comparable al actual con la producción de petróleo.

Oro, incienso y mirra.

Se cree que babilonios y asirios quemaban incienso y mirra durante las ceremonias religiosas. Los antiguos egipcios compraron barcos cargados de estas resinas a los fenicios, utilizándolas como aromáticos, repelente de insectos, perfumes o ungüentos para heridas y llagas; también fueron ingredientes clave en el proceso de embalsamamiento.

Los antiguos griegos y romanos también importaron cantidades masivas de incienso y mirra. Los médicos de la época habían reconocido propiedades antisépticas, antiinflamatorias y analgésicas. De hecho, prescribían estas sustancias para casi todo: desde indigestión y tos hasta hemorroides o halitosis. En especial, la mirra aparece con bastante frecuencia en los escritos del médico griego Hipócrates, quien revolucionó el campo de la medicina en los siglos IV y III aC. El historiador y botánico romano Plinio el Viejo (s. I dC) recomendaba incienso como antídoto contra la intoxicación por cicuta.


Rutas del incienso y la mirra durante el siglo I dC.


A pesar de la importancia que el Nuevo Testamento da a estas sustancias, cayeron en desgracia en Europa con la caída del Imperio Romano y el auge del Cristianismo, que básicamente borró las prósperas rutas comerciales que se habían desarrollado durante muchos siglos. En los primeros años del cristianismo, el incienso fue expresamente prohibido debido a sus asociaciones con el culto pagano. Qué paradoja que más tarde la Iglesia Católica, incorporara la quema de incienso, mirra y otros elementos aromáticos en algunos rituales. La llegada de la medicina moderna asestó otro golpe al mercado de incienso y mirra.

El incienso y la mirra son resinas vegetales, procedentes de árboles del género Boswellia y Commiphora, respectivamente, nativos de la península arábiga y regiones del noreste de África, aunque Boswellia también ha sido cultivado en el sur de China. Al cortar la corteza de estos árboles rezuma una sustancia gomosa que se endurece, del estilo del ámbar donde queda atrapado el mosquito en Parque Jurásico.



Boswellia sacra
Commiphora myrrha



El incienso (también conocido como olíbano o franquincienso) tiene una apariencia de color amarillo pálido y su principal uso es aromático. En el humo del incienso está presente una gran gama de compuestos volátiles responsables del aroma como acetato de octilo, octanol y diversos terpenos. Un porcentaje significativo de la resina de incienso lo forman los llamados ácidos boswélicos, sin embargo, éstos no contribuyen al olor ya que son demasiado pesados para convertirse en componentes volátiles.
Acetato de octilo


4-Octanol

Ácido boswélico


La mirra es quizás el menos conocido de los tres regalos de los Reyes Magos. A diferencia del incienso, tiene una coloración rojo-marrón. En el antiguo Egipto, la mirra se utilizaba como parte del proceso de embalsamamiento. También se ha utilizado en la medicina tradicional durante siglos, y aún se usa como ingrediente en algunas pastas de dientes y enjuagues bucales debido a sus propiedades antisépticas. Su olor se debe en gran parte a la presencia de sesquiterpenos, entre los que se incluyen el furaneudesma-1,3-dieno (el mayoritario), y otros terpenoides como cadineno, limoneno o eugenol.


Cadineno


Furaneudesma-1,3-dieno




Eugenol

En el siglo XXI, los científicos se han acercado a varias moléculas que se encuentran tanto en el incienso como en la mirra. Han encontrado que las moléculas de furaneudesma-1,3-dieno de la mirra actúan sobre los receptores opioides del cerebro, lo que explicaría su acción como analgésico. Otros sesquiterpenos muestran potencial real contra algunos tipos de cáncer.

Los ácidos boswélicos tienen efectos antiinflamatorios y antiartríticos. Estos compuestos parecen que impiden que el cuerpo produzca pro-inflamatorios, mientras que también ejercen efectos antitumorales en células de cáncer colorrectal. También han identificado un componente en el incienso (acetato de inciensola) que podría aumentar los sentimientos de euforia durante los actos de culto. Otros estudios indican que esta molécula puede ser un antidepresivo. Más recientemente se ha descubierto que el acetato de inciensola protege a los ratones de un daño neurológico después de un trauma en la cabeza.

Si estos remedios antiguos pueden proporcionar alivio para muchos pacientes que sufren enfermedades potencialmente devastadoras, las grandes rutas de la antigüedad podrían  florecer de nuevo. ¿Tal vez, de los tres regalos de los Reyes Magos, el oro fuera el menos valioso de todos?



3 comentarios:

  1. Para mi leer hoy este articulo tan precioso ha sido el mejor de los regalos ;esperó y deseo que el año 2016 nos deleites con muchos y sorprendentes artículos como lo hiciste el año pasado adelante Jesús .

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  2. ¿Qué decir de Jesús? Cuando uno parece haber superado el umbral de su curiosidad, viene él y se encarga de ampliarlo. Este artículo lo demuestra: entretenido, divertido, serio y riguroso; nada extraño tratándose de este entrañable autor (@RadicalBarbatilo) de cuya pluma salen verdaderas obras de arte. Suerte Jesús, y continúa así

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  3. Este articulo me sorprendió y es increíble por que desconocía esta información, le agradezco al autor por la publicación del mismo.

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