miércoles, 18 de noviembre de 2015

Se ha escrito un crimen... con nicotina



El asesinato de Gustave Fougnies en 1850, en Bélgica, no fue famoso por la astucia de sus asesinos, de ningún modo. No fue famoso por ser un clásico asesinato en la alta sociedad, ya que los asesinos eran los apuestos, y profundamente endeudados, conde y condesa de Bocarmé. Tampoco es recordado porque el Conde murió en la guillotina, porque muchos lo hicieron al fin y al cabo.

Nada de eso. Fue un crimen famoso debido al empleo de un veneno especialmente letal. Y porque su resolución, en particular, cambió la historia de la toxicología, ayudó a sentar las bases de la ciencia forense moderna. El veneno, por cierto, fue el alcaloide vegetal nicotina. Y en aquel momento nadie, absolutamente nadie, sabía cómo detectar un alcaloide en un cadáver.

Retrato de los Condes de Bocarmé.

Hoy conocemos mejor la nicotina, sobre todo por la alta adicción que provoca, razón por la cual tantas personas tienen dificultades para dejar de fumar, a pesar de que el hábito está vinculado de forma concluyente a trastornos que van desde enfermedades cardíacas hasta cáncer de pulmón. El compuesto tiene un efecto tan potente en el cerebro que algunos investigadores han sugerido que incluso ofrece una alternativa a drogas más fuertes. Otros se han preguntado si esa potencia de alguna manera podría ser aprovechada como tratamiento para trastornos como el Alzheimer o la depresión, aunque su naturaleza adictiva complica tal enfoque.

Pero en el siglo XIX, lo que la gente sabía era que la nicotina era un compuesto letal. El tabaco, una planta nativa de las Américas, había llamado la atención de los europeos durante el siglo XVI. Uno de sus más firmes defensores fue Jean Nicot de Villemain, el embajador de Francia en Portugal, que adquirió las plantas y semillas de la colonia portuguesa en Brasil y promovió su uso durante la década de 1560. La planta del tabaco, Nicotiana tabacum, lleva su nombre, al igual que alcaloide principal de la planta.

Hojas de Nicotiana tabacum, la planta del tabaco.

La nicotina fue aislada de las hojas de tabaco en 1828 por dos químicos alemanes, H. W. Posselt y K.L. Reinmann. Su estructura se determinó en 1893 y se sintetizó por primera vez en 1904. Pero ¿de qué está hecha la nicotina? Pues de tres de los elementos más comunes en la Tierra - de carbono, nitrógeno e hidrógeno - y esto es una de las cosas que más me fascina de la química: la forma en que la naturaleza mezcla los elementos comunes del planeta para llegar al efecto deseado. La fórmula de la nicotina es un simple C14H10N2, lo que, por supuesto, subestima su complejidad.

Molécula de nicotina.

Y es que este elegante arreglo es lo que convierte a la nicotina en un veneno tan eficaz. Se mueve a través del torrente sanguíneo a una velocidad excepcional y cuando se inhala, viaja desde los pulmones al cerebro en solo siete segundos. Los toxicólogos estiman que un cigarrillo completo proporciona a los pulmones aproximadamente 1 mg de nicotina (la dosis letal está entre 30 y 60 mg; para mayor comparación, el intervalo de dosis letal para el arsénico es 70-200 mg). Los órganos diana son los sistemas nerviosos central y periférico.

Lo que sí sabían en el s. XVIII es que la nicotina era un veneno que mataba por igual a humanos y a animales e incluso se había popularizado como insecticida. Y lo que hoy sabemos de envenenamientos se debe en gran parte a lo que se aprendió de este asesinato hace más de 150 años. Fue con la ayuda, por supuesto, de un químico, llamado Servais Stas.

El químico Servais Stas.

Hippolyte era descendiente de la noble familia belga Visart de Bocarmé. En 1843 se casó con Lydia Fougnies, hija de un boticario rico. Ambos disfrutaban de un estilo de vida extravagante y por encima de sus posibilidades. Lo hacían porque contaban con la herencia del padre de ella una vez muriera, pero éste dejó casi todo su dinero a su hijo Gustave, que no gozaba de buena salud. Aunque la pareja seguía con expectativas, su impaciencia crecía, más aún cuando recibieron la noticia de que Gustave iba a casarse. Y entonces conspiraron para matarlo.

El conde de Bocarmé era aficionado a la Química, incluso había construido un laboratorio, en un principio, para hacer cerveza y perfumes. Poco antes del asesinato había comprado una gran cantidad de hojas de tabaco que almacenaba en un granero, de las cuales extrajo nicotina suficiente para asegurarse la muerte de Gustave. Los investigadores descubrirían más tarde los cuerpos de gatos y aves de granja que al parecer había usado para probar el veneno. Si uno pasa algún tiempo estudiando envenenadores, se aprende que son planificadores y pacientes por naturaleza.

En la noche del 20 de noviembre de 1850, los condes de Bocarmé invitaron a Gustave Fougnies a una cena. Como los siervos declararon posteriormente, desde el principio todo fue muy extraño, incluso la Condesa insistió en servir la comida ella misma. Al poco de empezar la cena, su hermano cayó desplomado al suelo. Los asesinos se apresuraron a borrar pruebas y afirmaron que había sufrido una apoplejía.

Ilustración de la época que simula el
asesinato de Gustave Fougnies.

La investigación llevó a la policía a sospechar que Fougnies había sido envenenado, aunque no con nicotina. Al comienzo del siglo XIX, no había formas de detectar veneno en un cadáver. En la década de 1830, el químico británico James Marsh había desarrollado el primer método para detectar arsénico en un cuerpo, pero la prueba de Marsh requería que el tejido fuese destruido y, como se vio después, ese método también destruía los alcaloides, entre ellos, la nicotina.

El magistrado decidió llevar su problema a Jean Servais Stas, el mejor químico del país. Stas había adquirido fama internacional determinando los pesos atómicos de los elementos con una precisión sin precedentes. Se retiró a su laboratorio de Bruselas con los tejidos de órganos del cuerpo de Fougnies y comenzó una serie de experimentos que duró tres meses completos. Después de todo, los químicos también pueden ser pacientes. En ese período de tiempo, se las arregló para desarrollar un método que le permitió extraer el líquido aceitoso de la nicotina de los tejidos. Su enfoque ha sido actualizado desde entonces, pero el método Stas-Otto sigue siendo una parte fundamental de la toxicología en la actualidad.

No es de extrañar entonces que el conde de Bocarmé fuera declarado culpable y ejecutado el 19 de julio de 1851. Su última petición fue una muerte limpia: pidió una cuchilla muy afilada. Su esposa, Lydie, afirmó que había actuado únicamente por miedo a su marido y fue declarada no culpable (nada sorprendente ¿verdad?). Este caso rompió una de las barreras más grandes de la toxicología y ayudó a sentar las bases para la profesión de Química Forense que hoy conocemos.


Por Jesús @JGilMunoz 

FUENTES


Esta entrada forma parte del especial de Radical Barbatilo "El lado oscuro de la Química" y participa en el LII Carnaval de la Química albergado en el blog El Celuloide de Avogadro.

1 comentario:

  1. En línea ascendente como presumía. Una de cigarrillos por favor... Si las dos anteriores os subyugaron, está no le irá a la saga. Los fundamentos científicos de por qué mata la nicotina al alcance de todos. Genial

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