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La historia negra de los Nobel



Durante más de 100 años, los Premios Nobel llevan reconociendo los mayores logros humanos, desde la Literatura y la Ciencia hasta el Premio Nobel de la Paz, que se da “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”, de acuerdo a la última voluntad y testamento del fundador Alfred Nobel.

En 1964, Martin Luther King era galardonado con
el Premio Nobel de la Paz por su resistencia no violenta
a la discriminación racial en EE.UU.

Pero los orígenes de tan magna distinción, y la vida de Alfred Nobel, cuentan una historia muy diferente, manchada por la muerte de miles y miles de personas.

Alfred Bernhard Nobel nació en 1833 en Estocolmo, Suecia. Su padre, Immanuel Nobel, fue un inventor e ingeniero que luchó por no ahogarse económicamente durante gran parte de su vida. Obligado a declararse en quiebra, Immanuel abandonó Suecia y comenzó a trabajar en San Petersburgo, Rusia, donde impresionó al zar Nicolás I con uno de sus inventos, unas minas que explotaban bajo el agua, que podrían frustrar una invasión naval.

Acuarela pintada por Immanuel Nobel en la que se ilustra a él mismo
demostrando el efecto de las minas sumergidas al Zar.

Tras este éxito, Immanuel llevó a su esposa y sus ocho hijos a San Petersburgo. Éstos recibieron una educación formal y, entre ellos, Alfred brilló bajo la estricta tutela rusa. Llegó a dominar varios idiomas, así como la química, la física, la poesía y las ciencias naturales.

Immanuel desaprobó el interés de Alfred por la poesía, por lo que envió a su hijo al extranjero para continuar su formación en química e ingeniería. Mientras estudiaba en París, Alfred conoció al químico italiano Ascanio Sobrero, quien en 1847 había descubierto el explosivo nitroglicerina (C3H5N3O9), mediante la mezcla de ácido nítrico (HNO3), ácido sulfúrico (H2SO4) y glicerina (C3H8O3).

Reacción de síntesis de la nitroglicerina.


Aunque la nitroglicerina se consideró demasiado peligrosa para alguna utilidad práctica, la familia Nobel, que ahora tenía varias empresas rentables en Rusia y Suecia, continuó investigando su potencial para usos comerciales e industriales.

Pero sus investigaciones tuvieron resultados trágicos: en 1864, el hermano menor de Alfred, Emil, y varias personas murieron en una explosión en una de sus fábricas en Suecia. El desastre alentó a Alfred para tratar de encontrar una manera segura de hacer nitroglicerina. Y no fue nada fácil, pues los primeros experimentos incluyeron de nuevo varias explosiones mortales.

Finalmente, en 1867, Alfred Nobel descubrió que mezclando nitroglicerina con tierra de diatomeas, el compuesto resultante era una pasta estable que podía moldearse en forma de palos cortos que las empresas mineras podrían utilizar para volar rocas. Nobel patentó este invento como "dinamita", de la palabra griega  δυναμις (dunamis, "poder" en español)

La invención de la dinamita revolucionó las industrias mineras, las de construcción y las de demolición. Las compañías ferroviarias podrían explosionar montañas de una forma más segura. También propició la apertura de grandes extensiones de la superficie terrestre como el canal de Panamá, contribuyendo a desarrollar la exploración y el comercio. Como resultado, Nobel, que finalmente obtuvo 355 patentes con sus muchos inventos, se hizo increíblemente rico.

Se utilizaron alrededor de 30 millones de kilos de dinamita para excavar
y empezar las primeras construcciones del Canal de Panamá.

La dinamita, por supuesto, tenía otros usos, y no pasó mucho tiempo para que las autoridades militares comenzaran a usarla en la guerra, incluyendo cañones de dinamita, utilizados durante la guerra hispano-estadounidense (guerra de Cuba para los españoles). A pesar de que era ampliamente acreditado como pacifista, no se sabe si Nobel aprobaba el uso militar de la dinamita o no.

Sin embargo, se enteró de lo que otros pensaban de su invención cuando, en 1888, su hermano Ludvig murió. Un error periodístico dedicó el obituario a Alfred, que fue despreciado por ser el hombre que ganó millones a costa de la muerte de otros. Un diario francés escribió "el mercader de la muerte ha muerto."

Alfred Nobel, sorprendido por lo que había leído, decidió hacer algo para mejorar su legado. Un año antes de su muerte, en 1896, firmó su testamento, en el que destinaba la mayor parte de su vasta herencia (el 94%, 31 millones de coronas suecas) para establecer los cinco premios Nobel, incluyendo uno otorgado para la búsqueda de la paz.


Comentarios

  1. La cuarta entrega de la serie. Una historia que nos revela el lado menos conocido de los Nobel, y no por ello ni menos interesante ni menos importante. Un artículo que nos mantuene en la tensión generada desde el primer momento. Enhorabuena

    ResponderEliminar
  2. Creo que se dice, Guerra Hispano-Cubana-Americana. Al menos asi no ensenaron en Cuba. Porque realmete la Guerra era entre lo que ya se conocia por diferentes causas (generaciones nacidas en la isla, identidad cultural,...) como cubanos y los espanoles traidos a mantenerla como una especie de colonia o dependecia predilecta. En relidad eso trajo tantos abusos, que son inimaginables. Como la reconcentracion de Weiley,...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo desconocía totalmente, amigo. Lo saqué de una fuente de aquí, de España, donde sí se conoce así el conflicto. De todas formas, gracias por el comentario y la aclaración.

      Eliminar

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