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Divulgar la Ciencia para vivir la Ciencia



El pasado 5 de abril tuve el placer de impartir la conferencia inaugural del III Workshop "Estudiar Ciencias: Creando vocaciones científicas". Un evento coorganizado por la Facultad de Ciencias de la Universidad de Extremadura (UEx), el Servicio de Difusión de la Cultura de la UEx y el CPR de Badajoz, dirigido a profesores (y aspirantes) de Educación Secundaria y Universidad.

Con este post pretendo hacer una transcripción de la charla. Evidentemente, sin la espontaneidad del directo se pierde parte de la gracia, pero me gustaría compartir el mensaje que intenté transmitir:





No tengo una línea definida a la hora de divulgar: suelo decir que escribo al son de mis inquietudes, que es una forma bonita de decir que escribo de lo que me da la gana, pero siempre intentando sacar el jugo científico de cualquier cosa que caiga en mis manos y me llame la atención. Sí que me gusta hacerlo bajo el prisma de la Historia.



Creo que conocer nuestro pasado nos ayuda a comprender mejor la ciencia actual, en la que nos movemos. Y así es como me gustaría empezar, con un breve repaso histórico de la divulgación científica a través de sus protagonistas más destacados.

Esto de la divulgación científica no es un invento moderno. Los orígenes de la divulgación en un sentido amplio se remontan a los momentos en los que el ser humano empieza a investigar su convivencia con el entorno y a querer transmitir a sus congéneres las respuestas que obtenía para facilitar su comprensión.

El conocimiento, en general, y la ciencia, como un tipo de conocimiento particular, para desarrollarse siempre ha necesitado que aquellos que la producen se relacionen entre sí de alguna manera. No tiene por qué ser de forma directa, personal; se trata de intercambiar ideas, argumentos, y de someterlas a críticas. Además, es imprescindible que no se pierdan las aportaciones del pasado, que se almacenen y que se transmitan a las nuevas generaciones.



En una primera época, del maestro a los discípulos; con el intercambio cultural después de la conquista de territorios; con la aparición de bibliotecas y, posteriormente, en las universidades; y el gran punto de inflexión, uno de los grandes inventos de la historia: la imprenta. La invención que revolucionó la cultura. Ayudó a consolidar el método científico y se puso especial interés en divulgar ciencia, siempre con la mira puesta en transmitirla en un lenguaje asequible para llegar a un mayor número de personas.



Leonardo da Vinci lo expresó de esta forma, pero no fue hasta un siglo después, en los albores de la revolución científica, cuando se hizo divulgación de verdad.



Parece que todo empezó con otro italiano, Galileo, quien desechó el latín para difundir sus descubrimientos de física y astronomía y empleó el italiano, más asequible para un público general. Galileo también utilizó el diálogo como recurso literario para enseñar teorías no convencionales.

Diderot y D’Alembert, tienen también un sitio privilegiado en la historia de la divulgación científica, por ser los padres de la Enciclopedia, la obra magna de todo el conocimiento de la época. Otra francesa, Emilie du Chatelet también lo tiene, pero por traducir del latín al francés la obra de Newton, que marcó un punto de inflexión en la historia de la ciencia, pero parece que no destacó en el arte de la divulgación.

Siguiendo la línea del tiempo, está el gran Charles Darwin, quien, a pesar de que era consciente de la polémica que iba a suscitar su teoría de la evolución, tuvo claro que ésta tenía que transmitirla en un lenguaje comprensible para atraer a un mayor número de defensores.

Más tarde, ya en el siglo pasado, destacan los alemanes Einstein y Schrodinger, que escribieron obras sin emplear tecnicismos de temas tan complejos como la relatividad y la mecánica cuántica, con la complejidad que ello conlleva.

Y por último, los más grandes divulgadores de finales del siglo XX: Isaac Asimov y Carl Sagan. Ambos tenían una capacidad innata para la creación literaria y la divulgación. Principalmente, Sagan demostró que los medios audiovisuales y las nuevas tecnologías podían servir a fines divulgativos igual o mejor que los textos escritos. Y es en ese punto donde nos encontramos ahora.

Más que nunca tenemos los medios adecuados; la ciencia no hace sino añadir misterio, fantasía, interés y admiración por una simple historia…

Veamos algunos ejemplos, en una especie de Ministerio del Tiempo, en los que Ciencia jugó un papel fundamental.





[Hago alusión a estos cuatro artículos]:

La Historia ocupa un lugar muy importante en mi manera de divulgar, pero también lo hago bajo la influencia de mi entorno, de lo que me rodea, de lo que yo hago, de lo que me gusta, etc., por ejemplo, una novela



[Hago alusión a este artículo]:

Como “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco. En ella se hace una grandiosa exposición del método científico, poniendo en práctica el razonamiento deductivo para resolver los crímenes que suceden en una abadía italiana del siglo XIV. Ahí se tratan temas de medicina, medicina forense, química, alquimia, botánica, risoterapia, geología, matemáticas, lógica, óptica o astronomía. Y hay muchas alusiones a científicos: Aristóteles, Francis Bacon, Isidoro de Sevilla, Paracelso,etc. Una amalgama perfecta entre ciencia y la más alta literatura contemporánea.



En esta misma línea se podrían utilizar algún poema. Aquí tenemos un fragmento de “Campos de Castilla”, de Antonio Machado. Se puede utilizar para explicar la diferencia entre los climas continentales y los marítimos tan moderados. También se pueden extraer referencias a los terpenoides responsables de las esencias de las flores y a conceptos básicos de cinemática.


Se podría utilizar también alguna canción, como esta de Camarón.



Si analizamos los dos primeros versos, se ve a un Camarón claramente influenciado por Stephen Hawking, soñando  con el tiempo, con viajes en el tiempo, con agujeros de gusano y el plegamiento espacio-tiempo; y también influenciado por Arquímedes y su principio de flotabilidad; extrapolando, incluso podría servir para hacer alguna alusión a las antocianinas o al color de las plantas en general.

Yo abro la veda con Camarón, a ver quién coge aquí el testigo y divulga ciencia con Porrina, que estamos en su tierra.


[Hago alusión a este especial]:

Al igual que con una canción, también se pueden utilizar videojuegos para aprender Ciencia, como Assassin’s Creed. Trata sobre una lucha milenaria entre la Orden de los Templarios y la Hermandad de los Asesinos. Todo está inspirado en hechos históricos reales. El verdadero aliciente de los juegos es su ambientación histórica y sus espectaculares y más que fieles reproducciones de ciudades en el pasado: el París de la Revolución, el Londres de la Revolución Industrial o la Florencia del Renacimiento. Aparecen muchos personajes reales, entre ellos, científicos como los que vemos aquí: Lavoisier, Copérnico, Darwin, Laplace, Benjamin Franklin o Leonardo Da Vinci. 

[Vemos unos segundos de estos vídeos]:

Al poder interactuar con ellos, de alguna forma, se humanizan, se hacen parte de ti, lo cual ayuda a rellenar algunos vacíos que quedan cuando se estudian estos científicos y también puede ayudar a comprender su labor o la ciencia de la época en general.


¿Qué quiero decir con esto? Que todas estas disciplinas científicas, e incluso las no científicas, que pueden salir de una simple historia, una canción, un libro, un videojuego… no tienen por qué ser compartimentos estancos. Y ahí es donde la enseñanza y la divulgación se abrazan. Porque la relación entre divulgación y educación es generalmente cercana, es más de complementariedad que de exclusión. Y a pesar de que cada una responde a objetivos diferentes en términos de obligatoriedad, estructura o evaluación, la frontera entre ambas suele atenuarse. Además, tienen caminos que se entrecruzan e incluso se anudan. En definitiva, no son para nada dos mundos separados.

Si queremos que esta imagen se transforme en esta otra se antoja necesario que la Ciencia tenga un papel más atractivo para los alumnos. El hecho de que el currículum sea secuencial y extenso no permite que los estudiantes puedan ejercitar su curiosidad en algún punto en particular del programa, por lo que las clases se van alejando paulatinamente de sus intereses. Y está claro que los estudiantes que no siguen sus propios intereses no están para nada motivados por el aprendizaje. En muchas ocasiones, las actitudes son más importantes que las aptitudes (o una precede a la otra).

Los contenidos habituales que se ven en clase tratan sobre hechos de la ciencia, pero no de qué hay detrás, los entresijos. Y esto lo que provoca es que lo que se enseña en un aula de ciencias está totalmente alejado de la realidad. Los libros de texto, aunque parece que en los últimos tiempos han experimentado una transformación, sin duda no es el material de lectura favorito para un estudiante. No lo lee por simple curiosidad.

También tenemos el problema de la terminología. Sobre todo en ciencia, suele haber una jerga incomprensible y de la que los científicos nos sentimos orgullosos, como si manejar ese diccionario de tecnicismos fuera un pasaporte al conocimiento. Pero no, el lenguaje científico, a veces, promueve una imagen tecnocrática de la ciencia y exportarlo al aula conlleva verdaderos riesgos, porque la forma en que se introduce esa terminología tiene un profundo impacto en la idea que los estudiantes se hagan de la ciencia. Y hay que intentar que sus miedos sean superados por su afán por conocer.


Entonces una metodología basada en la divulgación mejora la imagen de la Ciencia. Por mi experiencia, los alumnos se ilusionan y trabajan mejor cuando se les plantea cualquier tema científico a través de ejemplos como los que hemos visto antes. Es un factor motivador, favorece el aprendizaje y contribuye a la integración de la Ciencia y otras disciplinas culturales.

El objetivo de la divulgación científica no es solo difundir nuevos avances científicos, sino ayudar, primero, a una comprensión básica de los hechos que han llevado hasta esos avances, y luego a ayudar a modificar o a dirigir esas ideas elementales hacia otras más profundas.

La sociedad de hoy en día demanda una alfabetización científica en clave de divulgación, es una realidad. El sistema educativo actual respondió hace unos años de alguna manera a esta necesidad con la implantación de la asignatura “Ciencias para el mundo contemporáneo”, ahora con “Cultura Científica”. Pero la gente demanda cada vez más una mayor divulgación científica. La prueba de ello es que el número de blogs de divulgación, libros, canales de youtube, podcasts, etc. ha ido creciendo brutalmente en los últimos años.


Aquí en España hay un nivel altísimo de divulgación, de primer nivel. Durante muchos años la divulgación de la Ciencia ha sido realizada fundamentalmente a nivel periodístico, pero ahora mismo hay cada vez más investigadores, más profesores, gente dedicada a la ciencia en general o incluso ajena a ella comprometidos con la causa. Y todo ello en un ambiente lúdico y popular que dista de la propia idea de enseñanza formal. Los medios para divulgar también crecen y de ellos dependen hoy, en gran parte, la cultura científica de los ciudadanos. Lo informal y lo formal de la mano.


Otra de las  finalidades de la divulgación es aumentar la información del ciudadano para mejorar su calidad de vida y su autonomía en el pensamiento y también en la acción. En esta línea destaca la gran cantidad de divulgadores que se dedican fundamentalmente a combatir las pseudociencias, a combatir milongas, que hay muchas por ahí, y que confunden. Lo bueno de ir haciéndome mayor es que poco a poco se van dando respuestas a preguntas que yo me hacía de niño, aunque hay algunas que todavía no, como ¿por qué la madre de los imbéciles siempre está preñada?

Estamos en una época en que lamentablemente no sobra ninguna clase de lógica, que no entienden la Ciencia como motor de progreso y desarrollo. Empezando por algunos de los que mandan, que son puros avatares de la irracionalidad, con una muy austera cosmovisión. Lo digo todo así de suave no vaya a ser que ahora me secuestren el blog.


¿Por qué las pseudociencias confunde a la gente? Porque no hay cultura. Cultura en el sentido de la educación, de conocimiento, de espíritu crítico. Pérez-Reverte lo expresa así de claro. Ahora tenemos los medios adecuados, así que el que no tiene cultura, el que no tiene mecanismos de análisis o de debate es porque no quiere.



Yo lo veo todo como “El mito de la caverna” de Platón: un grupo de hombres, prisioneros desde que nacen, atados con cadenas y que solo pueden mirar a una pared donde se proyectan sombras de objetos. Ellos creen que la única realidad son esas sombras y no saben nada de lo que pasa a sus espaldas. Pero ahora ya no hay cadenas, no hay cavernas. Hay un mundo fuera que descubrir.


Las pseudociencias nos hacen viajar con peso muerto a bordo y tenemos que deshacernos de él. Debemos eliminar todo lo que no es puro y estrictamente lógico. ¿Y cómo lo hacemos? Pues con Ciencia.

Porque sólo la ciencia puede darnos un conocimiento fiable y real del mundo. A la verdad no se llega a través de creencias no demostradas o directamente indemostrables, sino que se llega con la lógica, cuya verosimilitud se certifica con la observación de lo que sucede en la naturaleza, a nuestro alrededor.

La observación y posterior demostración supone un atajo a la verdad, por lo que los científicos estamos en pos de la verdad, o lo más cercano posible a la verdad. Y además, los científicos compartimos el interés por el bienestar del club menos elitista que hay, que es la humanidad.



Haciendo alusión al título, parece que hemos vivido la Ciencia: hemos paseado por la Historia con un poco de química, de física, de biología, de medicina; nos hemos reído, hemos cantado, casi bailado, nos hemos metido con Rajoy… si esto no es vivir la ciencia…. No sé qué será. Porque como dijo el gran Feynman: “El mundo parece tan distinto después de aprender ciencias.”

Así que mi último mensaje es QUE NADA ATEMPERE NUESTRA PASIÓN POR LA CIENCIA.

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