miércoles, 10 de febrero de 2016

Los protocolos de la bacteria de Sion


A principios del siglo XX se publicó en la Rusia zarista un libelo antisemita con el fin de justificar los pogromos contra los judíos. El texto, que llevaba por título “Los protocolos de los sabios de Sion”, era una obra de ficción cuya única intención era culpar a los judíos de una gran variedad de males y, sobre todo, de tener un plan secreto para dominar el mundo.

Esta conspiración surgió tras el Primer Congreso Sionista que tuvo lugar en Basilea (Suiza) en el año 1897. Dicho congreso estuvo presidido por Theodor Herzl (1860-1904), un periodista y escritor austrohúngaro de origen judío, considerado como el fundador del sionismo moderno, un movimiento político que luchaba por restablecer una patria para el pueblo judío. El término “sionismo” deriva de la palabra Sion, una montaña cerca de Jerusalén, y que en tiempos del Rey David (1040-966 aC) ya se usaba para referirse a la Tierra de Israel.


Theodor Herzl, el padre del sionismo moderno.

Desde el siglo VI aC los judíos han tenido que exiliar y vivir dispersos por todo el mundo debido a los ataques y asaltos por parte de babilonios, primero, y del Imperio Romano, más tarde. Durante casi 2000 años el pueblo judío se describía como una nación apátrida, sin embargo, la eclosión de los nacionalismos en la Europa del siglo XIX, de la que resultaría la aparición de países como Italia o Alemania, desembocó en el nacimiento del sionismo, con el fin de ejercer el derecho de crear su propio Estado en su territorio histórico.

De forma paralela, también se desarrolló el moderno antisemitismo y en la Rusia zarista fue devastador. Como tantos judíos que querían cursar estudios avanzados, Chaim Weizmann tuvo que marchar a Alemania y Suiza, donde se formó como químico. En el año 1900 se doctoró en la Universidad de Friburgo, tras lo cual comenzó a trabajar como profesor en la Universidad de Ginebra, continuando sus investigaciones en Química Orgánica.


Chaim Weizmann junto con Albert Einstein, otro de tantos
grandes científicos de origen judío.

Cuatro años más tarde, Weizmann consiguió una plaza de profesor adjunto de Bioquímica en la Universidad Victoria de Manchester. Por esa época los científicos estaban adquiriendo una mejor comprensión de los fenómenos microbiológicos y empezaron a explorar nuevas formas de fabricar algunos productos mediante fermentación.

Fue el químico francés Louis Pasteur (1822-1895), a mediados del siglo anterior, quien observó por primera vez lo que ocurría durante la fermentación alcohólica del vino: las levaduras transforman glucosa en alcohol etílico. A partir de este descubrimiento empezó a explotarse a nivel industrial la fabricación de productos procedentes de fermentación microbiana.


Louis Pasteur fue pionero en estudios sobre fermentación.
En este mismo blog hay un especial dedicado
únicamente a su figura: [#Pasteur120].


En 1914, pocos meses antes del estallido de la I Guerra Mundial, Weizmann descubrió el proceso de producción de acetona y butanol por la bacteria anaeróbica Clostridium acetobutylicum, basado en la fermentación de la glucosa grano de maíz.

Este acontecimiento llegó a oídos del entonces Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, que instó al químico a producir acetona a gran escala al ser uno de los componentes de un nuevo tipo de pólvora que el Reino Unido comenzaba a usar, la cordita, que a la postre sería decisiva en la contienda. Una pólvora más potente y más precisa que las que se venían usando y además no producía humo. La cordita era una mezcla de nitrocelulosa, nitroglicerina y jalea de petróleo, todo ello disuelto en acetona.

Ruta metabólica de la fermentación aceto-butílica-etílica (ABE)
para la producción de acetona, butanol y etanol.

Alemania dominaba los mares con sus submarinos y amenazaba al Reino Unido con cortar el suministro de grano de maíz procedente de Norteamérica. Si no había grano de maíz, la bacteria C. acetobutylicum no hacía sus labores y, por tanto, no habría acetona. Había que sustituir el grano por un producto autóctono y Churchill encomendó a escolares a una recolección masiva de castañas en los parques ingleses. A falta de maíz, buenas son las castañas. De esta forma, la producción de acetona no se detuvo, permitiendo al país seguir en la guerra con garantías.

Churchill, como forma de agradecimiento a la labor de Weizmann, quiso condecorarlo pero éste rehusó todos los honores. Sin embargo, al haber recibido la influencia del sionismo moderno, utilizó la reputación que se había granjeado en los círculos políticos del gobierno británico para que éste ayudara a establecer un estado judío en Palestina, entonces bajo dominio otomano, donde judíos de todo el mundo llevaban años arribando para volver a establecerse en lo que un día fue su patria. Esto acabó desembocando en la Declaración Balfour (1917), en la que el Reino Unido se manifestaba favorable a dicha propuesta.


La Declaración Balfour es considerada como la
primera declaración de una potencia mundial en
favor del derecho del pueblo judío a establecerse
en la Tierra de Israel.

Tras el armisticio, los países beligerantes firmaron el Tratado de Versalles (1919), en el que las colonias de Alemania y el Imperio Otomano fueron repartidos entre las potencias aliadas, quedando Palestina bajo control británico. Finalmente y, tras un largo camino, en 1949, se fundaba el estado de Israel y Weizmann fue investido como su primer presidente.


El presidente norteamericano Harry S. Truman recibió
a Chaim Weizmann en la Casa Blanca en 1948.



Este post participa en el LV Carnaval de la Química (Ed. Cesio), albergado en el blog La Ciencia de la Vida de Carlos Lobato (@biogeocarlos), con la etiqueta de #politiQuímica.


1 comentario:

  1. Interesante y pedagógico artículo que solventará muchas dudas tanto a nivel histórico como científico. Una delicia para los sentidos y para los aficionados a estas dos disciplinas. Hasta luego Jesús.

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