miércoles, 18 de noviembre de 2015

Homenaje en casa ajena

(Fuente)

No es frecuente que un jugador del equipo contrario salga ovacionado del Santiago Bernabéu. Pero el 19 de noviembre de 2005, fue lo que exactamente sucedió en uno de los Clásicos más memorables de los últimos tiempos (para los azulgranas, claro).

Al comienzo del nuevo milenio, el Clásico estaba tomando una nueva dimensión. Inspirado por la llegada de nuevas superestrellas y la mayor facilidad de televisar los partidos incluso en territorios recónditos, la rivalidad entre estos dos equipos había adquirido una mayor importancia mundial. A medida que el poder de las estrellas en el campo continuaba creciendo, también lo hacía el interés de los aficionados de muchos países. Y esa noche de noviembre, atrajo a los ojos del mundo.

En aquel momento solo había un punto de diferencia entre ambos en la clasificación. Sin embargo, antes del choque, había una aceptación de que la lucha por el título, una vez más, estaba entre los dos equipos. El primer Clásico de la temporada sería un indicativo de cómo afectaría a ese equilibrio.

Las alineaciones y los bancos de ambos conjuntos eran los siguientes:

Real Madrid: Casillas; Salgado, Ramos, Helguera, Roberto Carlos; Pablo García, Beckham, Raúl, Zidane; Robinho, Ronaldo. Suplentes: Diego López, Baptista, Guti, Raúl Bravo, Mejía, Pavón, Diogo

FC Barcelona: Valdés; Oleguer, Edmilson, Puyol, Van Bronckhorst; Márquez, Xavi, Deco; Messi, Ronaldinho, Eto’o. Suplentes: Jorquera, Iniesta, Sylvinho, Gabri, Motta, Giuly, Larsson.

El Real Madrid, aún en la famosa (y primera) época de los "galácticos", con Zinedine Zidane, David Beckham, Robinho y Ronaldo, entre otros. El FC Barcelona, por su parte, tenía menos estrellas (o aún sin consagrar, como un Messi con dieciocho años y el 30 a la espalda) pero contaba con el nuevo Balón de Oro.

Siguiendo los pasos de otros grandes jugadores brasileños, como Ronaldo Nazario o Rivaldo, antes de jugar para los blaugranas, Ronaldinho había sido poco más que una gran revelación desde que llegó desde el PSG en 2003. Pero tenía guardado algo extra para impresionar en España, después de haber sido rechazado precisamente por el Real Madrid, que optó por David Beckham en una operación con un mayor tinte comercial, prefiriendo prosa antes que verso.

El FC Barcelona también había elegido a Beckham sobre el brasileño, pero el entonces jugador del Manchester United, eligió el proyecto blanco, más adaptado a su medida. En realidad, Ronaldinho era un premio de consolación. Algo similar había pasado con su compañero, el camerunés Samuel Eto’o, aunque tal vez su despecho lo convirtió en letal. Ahora ambos comandaban el ataque blaugrana, una dupla que ya le había dado al equipo la liga de la temporada anterior.

Desde el pitido inicial, Ronaldinho tenía clara sus intenciones y así se lo hizo ver a Sergio Ramos, entonces con veinte años. A lo largo de los 90 minutos no encontró la forma de parar al brasileño.

El primer gol vino de la mano (mejor dicho, del pie) de Eto’o cuando sólo se llevaban 15 minutos de partido. El jugador camerunés, Messi y Ronaldinho ya habían creado suficientes espacios como para desmontar a un cuadrado que, de mágico, tenía más bien poco. Fue el típico estoque de delantero rápido, un punterazo contra el que Casillas nada pudo hacer.

Tras el descanso, al que se llegó con 0-1, Ronaldinho seguía siendo el jugador más peligroso en el terreno, lo que se tradujo en un gol justo antes de la hora de juego. Pero no un gol cualquiera: recibió el balón en la línea del medio, cerca de la línea de cal de la banda izquierda; tras una carrera espectacular, rompió las cinturas de, primero de Sergio Ramos, y ya dentro del área, de Iván Helguera; ya solo delante de la portería, chutó engañando a Casillas.

La inquebrantable convicción de la carrera y la pura autoridad del acabado dejaron a todos los presentes con la sensación de que no había forma de pararlo. Y se confirmó veinte minutos más tarde, cuando Ronaldinho hizo su segundo gol, similar en cuanto a estilo y contoneo en los regates.

Mientras que Casillas recogía el balón del fondo de las mallas y Ronaldinho celebrando el tanto, algo insólito estaba empezando a ocurrir. Y es que fue tan completa, tan absoluta, la exhibición de Ronaldinho que, tras este escandaloso gol, recibió una estruendosa y unánime ovación por parte de un Santiago Bernabéu en pie. Solo a Maradona, más de veinte años atrás, se le había concedido tal privilegio en el feudo blanco.

Hace muy poco, Ronaldinho ha afirmado con rotundidad que su sucesor, tanto en el Barça como en la selección canarinha, es Neymar. Otro brasileño cuyas últimas actuaciones están cargadas de un descaro y una calidad dignas de tal mención. Y el próximo partido es en el Santiago Bernabéu…



Este artículo fue originalmente escrito para el blog de fútbol "El número 5", lamentablemente, ya desaparecido.




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