sábado, 4 de julio de 2015

El Platino, un elemento español



Durante las primeras décadas del siglo XVIII surgió una polémica entre los círculos científicos europeos en torno a la figura de la Tierra. Por un lado, estaban los cartesianos, que afirmaban que el planeta estaba achatado por el ecuador, mientras que los newtonianos lo hacían defendiendo el achatamiento por los polos. El debate sufrió un paulatino proceso de ideologización, en el que los argumentos extracientíficos y nacionalistas ganaron una creciente audiencia. Por este motivo, la Académie des Sciences pidió apoyo económico al rey Luis XV, padre del guillotinado Luis XVI, para llevar a cabo una expedición en la que se mediría la longitud de un meridiano terrestre en la zona ecuatorial.

Retrato de Antonio de Ulloa.
Como la expedición tenía como territorio de destino el importante virreinato de Perú, el gobierno francés tuvo que pedir autorización al Reino de España. El Consejo de Indias la aprobó, aunque con algunas observaciones, como incluir a “dos sujetos inteligentes en la matemática y astronomía”, cargo que más tarde ocuparían los jóvenes guardiamarinas Jorge Juan de Santacilia y Antonio de Ulloa. La fracción española partió el 26 de mayo de 1735 desde el puerto de Cádiz, encontrándose con la francesa cuarenta y dos días después en Cartagena de Indias.

A Antonio de Ulloa (Sevilla, 1716), la misión geodésica le marcó por completo. No solo se cumplió con total precisión, sino que los múltiples viajes por tierras ecuatorianas dieron a conocer algunos de los tesoros que encerraba la naturaleza americana, incluyendo minerales hasta entonces desconocidos. Así pues, en algunas muestras tomadas, descubrió la existencia del Platino (Pt), “una sustancia de tal resistencia que cuando se bate en un yunque de acero, no es fácil de separar, ni es tampoco calcinable, de forma que el metal, envuelto en este cuerpo obstinado, no podía extraerse sin infinito trabajo y costo”, como el propio Ulloa definió.

El Platino ya se conocía desde la antigüedad y se cree que el químico Italiano Julius Scaliger ya hacía referencia a él allá por el año 1557, sin embargo, es a Ulloa a quien se atribuye el “descubrimiento”. Además, fue el autor de una primera descripción completa del elemento, lo que permitió a Ulloa pasar a la historia de la ciencia. Le dio ese nombre por su parecido con la Plata (Ag) y lo trajo a Europa, dejando fascinados a los científicos de la época tanto por su belleza como por sus propiedades. A partir de ahí, la demanda por el Platino creció, conduciendo a lo que se conoció como la “Edad de Platino” en España.

El Platino se encuentra en el grupo 10 y
en el período 6 de la tabla periódica.
Entre los elementos de la corteza terrestre, el Platino ocupa el puesto 72 en cuanto a abundancia natural. Es un metal de transición muy dúctil y maleable y se caracteriza por su resistencia a la corrosión y ser un buen conductor de la electricidad. Le da nombre al grupo de metales en el que se incluyen el Rutenio (Ru), el Rodio (Rh), el Paladio (Pd), el Osmio (Os) y el Iridio (Ir), que se encuentran entre los períodos 5 y 6 y los grupos del 8 y 10 de la tabla periódica. Estos metales son conocidos como nobles por su relativa inactividad química, es decir, no combinan ni interaccionan con la mayoría de elementos o compuestos, razón por la cual son usados para la fabricación de material de laboratorio. El Platino es tan estable que en 1889 fue elegido para el patrón de kilogramo, que se encuentra en la Oficina Internacional de Pesas y Medidas de París.

Los usos del Platino son muy diversos aunque si se pregunta por la calle, la mayoría probablemente haga referencia a la joyería o al premio que se otorga en el mundo de la música por la venta de un determinado número de discos. Sin embargo, los usos más comunes giran en torno a la industria química y a la medicina.

Por ejemplo, el Platino es utilizado ampliamente como catalizador de reacciones químicas, es decir, son capaces de aumentar la velocidad de éstas. Se estima que el 90% de todos los productos químicos producidos comercialmente involucran catalizadores en alguna etapa de su fabricación, y el Platino en sus múltiples formas (blanco, negro, en polvo, en alambre, esponjoso…) se ha empleado de forma eficaz desde principios del siglo XIX hasta nuestros días.

Especialmente importante es su uso en el llamado craqueo catalítico, un proceso desarrollado en plena II Guerra Mundial y que revolucionó la industria petroquímica. El petróleo crudo debe ser tratado antes de ser convertido a gasolinas u otros productos derivados del mismo, las moléculas deben romperse y separarse en función del producto final a través de una serie de reacciones (hidrogenación-deshidrogenación, isomerización…) que requieren la presencia de catalizadores como el Platino.


Reacción de hidrogenación de alquenos catalizada por Platino.

Además, una serie de compuestos formados por Platino tienen un protagonismo destacado en quimioterapia para tratar varios tipos de cáncer. El primero de ellos fue el cisplatino, cuya fórmula es cis-[PtCl2(NH3)2]. Se sintetizó por primera vez en 1845, aunque no sería hasta 1965 cuando se descubriera su actividad anticancerígena por parte del biofísico Barnett Rosenberg.

El mecanismo de acción del cisplatino es unirse al ADN, produciendo una distorsión en la estructura de doble hélice, lo que provoca que éste no pueda replicarse. Y si no hay replicación del ADN, las células no se dividen, que es algo que hacen sin control las células cancerosas. Es de vital importancia la configuración cis de la molécula del cisplatino, es decir, con los dos átomos de cloro (Cl) en el mismo lado es la única forma de unirse al ADN. Por el contrario, el estereoisómero transplatino no muestra efectos farmacológicos comparables. [Para saber algo más sobre isomerías, visiten mi post “Espejito, espejito mágico”].


El cisplatino se une al ADN evitando que se replique.

Un 5 de julio pero de 1795, falleció Antonio de Ulloa, a quien los químicos españoles le debemos esa parcelita de la tabla periódica que nos pertenece.


Este post participa en el XLIX Carnaval de la Química.

2 comentarios:

  1. Sólo se me ocurre un calificativo: "EXTRAORDINARIO". Tanto por la exposición como por la forma pedagógica en que lo desarrolla. Enhorabuena Jesús

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  2. Sólo se me ocurre un calificativo: "EXTRAORDINARIO". Tanto por la exposición como por la forma pedagógica en que lo desarrolla. Enhorabuena Jesús

    ResponderEliminar

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