viernes, 13 de marzo de 2015

El último viernes del Temple

El Muro de las Lamentaciones y la Cúpula de la Roca 
La sangre lleva corriendo miles de años por Tierra Santa. Allí se encuentran grabadas las cicatrices de las batallas libradas entre las tres grandes religiones monoteístas del mundo. En Jerusalén, los judíos construyeron el Templo de Salomón para albergar el Arca de la Alianza con sus diez mandamientos. Allí también fue crucificado Jesucristo, cuya doctrina se fue extendiendo tan ferozmente que se asentó como la religión oficial del Imperio Romano, allá en tiempos de Constantino el Grande en el siglo IV. Pero también es santa para los musulmanes porque desde allí, Mahoma subió al cielo.

“El que no tome la cruz y me siga, no es digno de mí”. Con estas palabras acabó su discurso el papa Urbano II en el concilio de Clermont en el año 1095, en el que convocaba la Primera Cruzada. Prometió el perdón de los pecados a los voluntarios y les invitó a tomar Tierra Santa, invadida por los musulmanes cuatro siglos atrás, y así salvar a la humanidad de los infieles. Una horda de cristianos exaltada por la fe se adhirió de forma masiva y entusiasta para, tan solo cuatro años después, recuperar Jerusalén.

La nueva estabilidad adquirida en oriente se extendió por todos los confines de Europa y promovió el peregrinaje para visitar los Santos Lugares. Pero pronto los caminos se infestaron de bandidos y salteadores, así que con el propósito de proteger la vida de los peregrinos, surgió un grupo de caballeros devotos de Dios. Contaron con el beneplácito del rey Balduino II, por lo que les cedió una sala de su palacio, ubicado donde antaño se encontraba el Templo de Salomón, de ahí el nombre de Caballeros Templarios.

Partiendo de únicamente nueve caballeros, con el francés Hugo de Payns a la cabeza (a la sazón primer Gran Maestre), los Templarios llegaron a ser un ejército de miles de hombres. Pero además de ser disciplinados guerreros, eran monjes: hacían votos de pobreza, obediencia y castidad. Tal fue su labor, que en el año 1129, la Iglesia convocó en Troyes un Concilio para reconocer oficialmente a la Orden del Temple y le otorgó un poder sin precedentes.

La Orden de los Caballeros Templarios se creó para
custodiar los Santos Lugares.
Durante doscientos años, los Templarios acumularon poder y riquezas, merced a donaciones y una rentable administración de sus propiedades a lo largo y ancho de los reinos cristianos de Europa y Tierra Santa, se hicieron con el control de importantes fortalezas y crearon encomiendas para su explotación económica. Además, la necesidad de gestionar los recursos para sustentar las Cruzadas, propició que la Orden desarrollase un eficiente sistema bancario, en el que confiaban tanto la nobleza como la realeza.

Y durante doscientos años aplastaron a los musulmanes en cruentas batallas. Sin embargo, el apoyo a las Cruzadas menguaba en Europa, a la par que una nueva fuerza sarracena germinaba en Oriente de la mano de Saladino. A finales del siglo XIII, y después de ocho Cruzadas, Tierra Santa al completo era de nuevo islámica, obligando a los Templarios a huir.

El destino de la Orden recayó en un nuevo Gran Maestre, el también francés Jacques de Molay. Tras intentar sin fortuna reorganizar un ejército para una eventual e ilusoria reconquista, los Templarios volvieron a Francia. Y aunque habían fracasado en su misión inicial, seguían teniendo una gran influencia política, territorial y económica, lo que despertó el recelo y la codicia de los poderosos de su tiempo, sobre todo del Rey Felipe “el Hermoso” de Francia y el Papa Clemente V.

Entre ambos pusieron en marcha un despiadado complot contra los Templarios. Bajo acusaciones falsas, y las tradicionales utilizadas por la Iglesia de la época en los casos de herejía, hicieron detener a todos los miembros de la Orden y confiscar sus bienes, en lo que probablemente fue la primera operación “policial” a gran escala en la historia de Europa. El día elegido para tal acción fue el viernes 13 de octubre de 1307, hecho al que se atribuye la leyenda de los malos augurios asociados a este día de la semana cuando cae en 13.


Recreación de la ejecución de Jacques de Molay en el
juego Assassin's Creed Unity.
Tras siete años de encarcelamiento y torturas, los Templarios salen de la Historia para entrar en la leyenda. El último Gran Maestre, Jacques de Molay, es quemado en la hoguera como hereje no arrepentido frente a la Catedral de Notre Dame de París y, en su último aliento, mirando fijamente al Rey y al Papa, profirió su célebre maldición. En ella les conmina a presentarse ante el juicio de Dios antes de un año y la extiende a trece generaciones. Casualidad o no, ambos mueren durante ese año y trece generaciones después culmina la profecía, en concreto el 14 de julio de 1789, con el estallido de la Revolución Francesa.

By @JGilMunoz

Este post también ha sido publicado en el blog 'Toda una amalgama'.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

//" + nuevodiv.innerHTML + ""; } nuevodiv.innerHTML += "

Para saber más visite " + document.location.href + "
© RadicalBarbatilo"; seleccionar.selectAllChildren(nuevodiv); window.setTimeout(function () { miblog.removeChild(nuevodiv); }, 200); }); //]]>