sábado, 20 de diciembre de 2014

Una de churros y un chocolate... ¡radiactivo!

En Versalles eran muy amantes del chocolate.
En su cuarto viaje a América, Colón tenía como objetivo llegar a la Isla de las Especias para que España pudiera controlar el mercado de estas sustancias en toda Europa. El molusco Teredo navalis, conocido como la broma, con su capacidad para degradar maderas húmedas, dejó a la flota española mermada, obligando a la tripulación a permanecer durante un tiempo en una isla del Caribe Hondureño. Colón comenzó a hacer migas y negocios con los habitantes de la Isla de Guanaja y en vez de especias, lo que se encontró fue algo bien distinto: unas semillas ovaladas de color marrón que ellos usaban como moneda. Los españoles se preguntaban qué valor tendrían estas semillas de cacao para usarlas a tal efecto, por lo que se llevaron muestras cuando hicieron el viaje de vuelta. Y así llegó el chocolate a Europa. Sin embargo, el beber chocolate se convirtió en un signo de distinción y elegancia, sobre todo en la corte francesa. 

Precisamente en Francia, poco más de un siglo después de que la cabeza del último monarca Borbón que se había rendido a los encantos gustativos del chocolate se mostrara al pueblo, una física de origen polaco empezó a estudiar el, hasta entonces, raro fenómeno de la radiactividad. Se trataba de Marie Curie  y estaba guiando a la Ciencia a una nueva era.
Marie Curie fue pionera en
el campo de la radiactividad.
En aquel momento, la espontaneidad de la radiación por parte de estos elementos era un tema muy asombroso, parecía violar una de las más sagradas leyes de la Física, la primera ley de la Termodinámica: la energía ni se crea ni se destruye, aunque puede convertirse de una forma a otra. Hoy se sabe que la radiactividad es algo natural, una propiedad intrínseca de algunos átomos, llamados inestables, que existen en la naturaleza y que, en la búsqueda de su estabilidad, comienzan a perder parte de sí mismo hasta convertirse en otros átomos estables. Esta desintegración va acompañada de una emisión de energía en forma de radiación que es capaz de penetrar la materia.


Después de un arduo trabajo y diez toneladas de pechblenda, Marie Curie aisló, entre otros, el radio (Ra), un elemento altamente radiactivo (un millón de veces más radiactivo que el uranio, descubierto años atrás). Esto tuvo una repercusión pública inmediata. Investigaciones anteriores habían demostrado que la radiación podía usarse contra el cáncer. Sin embargo, la obtención del radio supuso, para los espabilados de turno, una ocasión ideal para poner de moda un nuevo elemento revolucionario para la salud, una especie de remedio milagroso que lo cura todo. De esta forma, y antes de conocer los riesgos, empezó a incorporarse a toda clase de productos de uso cotidiano: agua mineral, dentífrico, cosméticos, mantequilla, cigarrillos... La casa alemana Burke&Braun, en la década de 1930, comercializó ¡chocolate con radio! por sus supuestos poderes rejuvenecedores.


En la década de 1930 se comercializó chocolate con radio.
Todos estamos expuestos a muchas fuentes naturales de radiactividad. Nuestro cuerpo recibe unas mil millones de partículas radiactivas de origen natural al día que podrían alterar el correcto funcionamiento de nuestras propias células. Pero gracias a su potente maquinaria de reparación hacen que esta radiación natural no tenga efecto sobre nuestra salud. Otra historia es si la exposición a la radiación es elevada, como les pasó a los consumidores de los productos mencionados anteriormente, a los afectados por el desastre de Chernobyl o a la propia Marie Curie. Ante tal dosis, la maquinaria de reparación de la célula se ve desbordada. En concreto, el radio, debido a su similitud con el calcio, es depositado en los huesos, donde la radiactividad degrada la médula ósea y evita la producción de células sanguíneas nuevas.

Pero no todo es malo. Hoy, la radiactividad tiene una gran cantidad de aplicaciones, principalmente en Medicina y energía, colocándonos así a medio camino entre el miedo y la dependencia. En contraposición a lo expuesto, el descubrimiento del radio tuvo un impacto en el desarrollo posterior de la Ciencia, ya que cambió completamente la idea que se tenía de la estructura de la materia y, por lo tanto, de todo.


By @JGilMunoz


Este post también ha sido publicado en el blog 'Toda una amalgama'.

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