miércoles, 28 de septiembre de 2011

Crónica de una boda anunciada



A veces parece que lo importante de un viaje es llegar al final. Todos menos ellos esperábamos el final de cada jornada para que Estherilla nos contara qué habían hecho. Algunos contestaban a diario, otros a veces y otros no lo hicimos nunca. Ya una vez les deseé que lo pasaran bien, ya que fui el último en verlos en tierras españolas, y suficiente es. Pues ya están aquí. Los envidiosos ya pueden estar contentos. Atrás ha quedado ese "Fin del Mundo" concebido para ser una luna de miel inolvidable.
Pero comencemos por el principio, porque si empezamos por el final, podríamos crear una distorsión en el contínuo espacio-tiempo y destruir el universo. 
Corría el día de Reyes cuando mi hermano me enseñó una carta escrita por Timón (ese hiperactivo suricato de El Rey León con la boca inversamente proporcional a su tamaño ) en la que relataba sus años de soledad tras haber pasado su vida acompañado de sus más fieles amigos de peluche. Todos ellos cuidaban de Estherilla cuando aún dormía sola en casa. Un buen día todos menos Timón partieron a cuidar otros niños que probablemente no tendrían ni timón. Estherilla, comprensiva, anhelaba volver a encontrarse con todos ellos de nuevo. La carta de Timón invitaba, en nombre de todos, a Estherilla y a mi hermano a pasar 2 días en su mundo para así recordar viejos tiempos y conocer amigos nuevos.
Casi había pasado un mes cuando los dos pisaban Disneyland París, un mundo mágico para soñar e imaginar que eres uno de ellos. 
Bueno, pues aquí en Madrid en una comida con los compis del laboratorio, así en petit comitè, alguna comentaba sobre la edad que tenía, el tener hijos... y de pronto se me ocurre que éstos podrían haber ido a París a encargar algo a la cigüeña. Sin andarme por las ramas, a la vuelta del viaje, le pregunté a Estherilla y se hartó de reir. Su respuesta fue negativa, sin embargo me dijo "no te preocupes, que si algún día pasa eso, serás el primero en enterarte". Pues ahí quedó la cosa.
Para nuestra sorpresa, días después de esta conversación, recibo una llamada de mi hermano. Me pide que llame a Yolianda para decirnos algo. Después de un poco de despiste, nos suelta así con titubeo... "queeee, no lo sabemos seguro, perooo vamos a intentar que.... en septiembre o así... [kiyoooo, suéltalo yaaaa] ... CASARNOS". ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Halaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¡Qué alegría, qué alboroto¡ Poco a poco fueron contándolo a la familia: Mi padre llorando, mi madre gritando y meando a la vez, Yolianda y yo flipándolo... bueno, bueno, un show.
Se me antoja, cuanto menos imprescindible, volver al viaje de Disneyland porque fue el origen de todo. Cual cuento de príncipes y princesas se tratara, en lo más alto del castillo de la Bella Durmiente y de rodillas, mi hermano pidió matrimonio a Estherilla. La princesa tendió la mano al príncipe y entonó su primer "sí quiero". Ahí tenéis al médico (disfrazado esta vez de príncipe encantado), que nunca deja de sorprendernos.
Llegados a este punto, las ideas fluyen en todas direcciones para que sea todo lo más bonito, original y trascendental posible. Yolianda ya empezó a forjar mentalmente el "Holé", yo buscaba invitaciones chulas, Estherilla se compró el traje, luego mi hermano, yo, mis padres y así poco a poco. Los hermanos pequeños fuimos los elegidos para dedicarles unas palabras durante la ceremonia que a la postre tendrían un exitazo.
Esperábamos con ansia que llegara el momento. El verano sirvió para ultimar detalles aunque ellos lo tenían casi todo organizado ya con bastante antelación. Sólo quedaban los detallitos para los invitados, los buses, las sorpresitas, alguna que otra corbata, gemelos...
Damos un gran salto en el tiempo y llegamos al viernes 9 de septiembre por la noche. Los novios van a dormir en sus casas natales. A hurtadillas, Estherilla seguida de su cohorte familiar y los fotógrafos se plantan bajo el balcón de mi casa. Todos ataviados con instrumentos infantiles y sombreros carnavaleros. De repente se oye con tono embarazoso y melódico un más que sentido "No puedo estar sin ti" y a coro "No hay maneeeeera", "No puedo viviiiir sin ti", "No hay maneeeera" (a coro) y ya perdiendo compás "No puedo dormiiir sin ti", "No hay maneeeeera" (a coro) seguido de un "¡¡¡VIVAN LOS NOVIOS, VIVA!!!". Por los balcones de la calle empezaban a asomar vecinos. Pero la cosa no acababa ahí: la familia Marín Cabeza había compuesto una serenata que sería el prólogo de una botellona improvisada en mi casa, de la cual hay que destacar el reencuentro de dos amigos de la infancia casi 50 años después.
Al día siguiente, sin tiempo de descansar ni limar nervios, echamos el último vistazo al espectacular paraje donde tendría lugar la boda horas más tarde. Un lugar idílico en un marco natural incomparable, rodeado de unas muestras impresionantes de flora y fauna autóctonas. Lo más parecido al Edén que yo he visto.
Se repasan una y otra vez los discursos, vaivenes a la peluquera, la maquilladora, vecinos que nos enseñan sus atuendos, una llamada por aquí, otra por allá, la fotógrafa atrapando instantáneas que pasarán a la historia...
Yolianda y yo organizamos a los invitados que iban en buses de forma espectacular. Sol resplandeciente, cielo azul y condiciones normales de presión, temperatura y pH.
Entre la multitud allí ya congregada, aparecen el novio y la madrina (hermano y madre de un servidor), cogidos del brazo. Él saludaba sonriendo y ella seguía sin dar con la expresión adecuada ante tanta expectación (he de decir que las 1001 expresiones que puso en 10 segundos sí dieron con su imponente y regia belleza). La gente se ubicaba y con la demora justa, apareció la princesa de este cuento. Su acompañante, su padre y padrino de la boda. Atravesó la alfombra roja con esa sonrisa que no se le apagó ni una pizca en ningún momento. No cambió esa faz ni su mirada clavada en los ojos de mi hermano que, a todas luces, era el corazón de él.
Sin tiempo a nada, Yolianda, mi padre y yo (en orden inverso), salimos al estrado. Aquélla muy marinera, aquél muy poético y éste muy misceláneo. A la hora del "sí quiero", arras, alianzas, firmas... ni se les veía, una nube de cámaras los encerraban. Seguídamente fueron a inmortalizarse a la parte oculta pero más bonita de aquel enclave.

A la vuelta, los familiares más directos hicimos lo propio con ellos. Sólo padres y herman@s (con sus respectiv@s) podían salir en esa foto. Por si alguien pensó que se coló algún intrusillo, está muy equivocado. Por si quedaba alguna duda, el Kike es nuestro hermano, ahí estaba su sitio y así quedará plasmado tooooda la vida.
Prácticamente ahí les perdí la pista a los novios. Era su momento de gloria para compartir con los demás. Yo los tengo los demás días del año.
La entrada al banquete fue espectacular. Iluminados por los focos y flashes al compás de "Mi principio y mi fin". Brindaron y se abrieron paso hasta llegar a la mesa principal, donde se sentaron flanqueados por la familia.
La comida transcurrió a base de sorpresas: regalos a los padres, a los próximos en casarse, a los niños, a los mismos novios, paparazzis improvisados, tarta de gomitas...
En el baile participó todo el mundo, con la inestimable ayuda del DJ. Hubo congas, bailes a lo Michael Jackson y hasta "La Campanera". La noche era espléndida. Recuerdo, no con mucha claridad, montaditos de carne pululando entre la gente, una embarazada incansable, un masajista en la jaima y hasta un bote de Omeprazol en el baño. Las fotos del día iban proyectándose, el photocall creaba colas, los cubatas con un vaivén proverbial, las corbatas desanudadas... Todo ello acompañado con la sonrisa de toooooooodos los allí presentes.
Como todo lo que empieza acaba, la boda también tuvo su fin, pero el recuerdo será imborrable y perenne. Ahora empezáis una "nueva vida" que seguirá siendo linda y maravillosa como hasta ahora.
Lo que empezó siendo una carta de dibujos animados, acabó en una espectacular, superlativa, fabulosa, llamativa, original, vistosa, colorista, graciosa, virtuosa y fastuosa boda.
Así fueron las cosas y así se las he contado.
Un saludo y suerte a todos!

By @JGilMunoz

4 comentarios:

  1. Es poco o más bien nada lo que yo puedo aportar a esta narración que suscribo plenamente. Es un privilegio, al mismo tiempo que una suerte, el poder leer para rememorar esos maravillosos momentos. Inolvidables por lo que supuso para ellos y para nuestras familias. Bueno no quiero extenderme más porque no es bueno robar protagonismo a los verdaderos protagonistas de esta bonita historia. Probablemente sea otra personita la única capaz de erigirse en competidora, en buena lid, de sus ...... Progenitores.
    Muchísimas felicidades, que esta hermosa historia sea sólo el principio de todo.
    Besos

    ResponderEliminar
  2. Una hstoria de ensueño con un final idílico y contado por el mejor narrador posible. No sólo eres un crecí, eres el mejor de los hermanos y el hijo deseado. Besos a todos

    ResponderEliminar
  3. Una hstoria de ensueño con un final idílico y contado por el mejor narrador posible. No sólo eres un crecí, eres el mejor de los hermanos y el hijo deseado. Besos a todos

    ResponderEliminar

//" + nuevodiv.innerHTML + ""; } nuevodiv.innerHTML += "

Para saber más visite " + document.location.href + "
© RadicalBarbatilo"; seleccionar.selectAllChildren(nuevodiv); window.setTimeout(function () { miblog.removeChild(nuevodiv); }, 200); }); //]]>