C orre el año 1909. Tras pasar varios años trabajando duramente en la Oficina de Patentes de Berna, Albert Einstein se estrena como profesor de Física en las mismas aulas donde él asistía como alumno, en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza). Pero nada sale como esperaba. Se da cuenta que no disfruta delante de una pizarra como lo hace mientras fluyen las ideas de su mente. Incluso una clase del gran Einstein hablando sobre el gran Newton podía ser aburrida. Entonces, propone a sus alumnos «dar un paseo». Y como antaño se hiciera en la Antigua Grecia, al más puro estilo de la Escuela peripatética de Aristóteles, Einstein lleva a sus alumnos a pasear y les invita a preguntar sobre la Física, puesto que «intenta explicar todo el Universo».